Revista Fuentes Estadísticas        

Actualidad - Revista Nº 70 - Septiembre de 2003       



La información como sujeto y objeto de la sostenibilidad

 Juan Luis Galiacho

Periodista, Escritor y Profesor Titular del Departamento de Comunicación Audiovisual de la Universidad Rey Juan Carlos, de Madrid.

 

El desarrollo sostenible se sustenta en tres pilares indispensables: el económico, el medioambiental y el sociocultural. Dentro de cada una de estas dimensiones la información juega un papel esencial y vital.

En primer lugar, como sujeto, porque con la información los diferentes agentes que participan en el desarrollo sostenible (llámese organismos internacionales, gobiernos nacionales, comunidades, ayuntamientos, empresas, ONGs, etc.) pueden tomar decisiones basadas en una información veraz. En este sentido, y como veremos más adelante, es imprescindible una mejora de los sistemas de información para que sirvan de apoyo en la adopción de decisiones que permitan la sostenibilidad y no generen conflictos entre los diferentes agentes.

En segundo lugar, como objeto, porque todos los agentes tiene derecho a una información transparente sobre todas las acciones u omisiones que se llevan a cabo en su entorno. Y así lo recogen las constituciones y estatutos de los diferentes países democráticos donde prima la libertad de expresión.

Por lo tanto, el objeto de la sostenibilidad será la estructura de derechos. Y , entre ellos, el derecho a la información que garantice a las generaciones futuras la libre elección de aquellas capacidades que tienen bajo su poder de decisión.

Como pueden apreciar, dentro del desarrollo sostenible cada persona juega un papel como emisor y receptor de información a la vez, es decir, como usuario y portavoz de información, incluyendo en ésta el conjunto adecuado de datos, experiencias y conocimientos.

Esta necesidad de información se plantea dentro del desarrollo sostenible a todos los niveles, pero existen dos esferas principales en las que deben aplicarse medidas con el fin de que las decisiones se basen en una información fidedigna y veraz. Éstas son: la reducción de la diferencia en materia de datos y la mejora del acceso a la información. Para conseguirlo será necesaria una revisión de los sistemas de información y de sus conductos.

En nuestra época actual, en la que se han multiplicado las vías a través de las cuales nos llega la información, en la que día a día se suceden los antecedentes de nuevos problemas medioambientales, económicos y socioculturales y se incrementan los ya existentes, además de producirse un aumento de las sinergias y externalidades generadas por el modelo de sociedad vigente en el presente siglo XXI, la selección de la información relevante para efectos de la sostenibilidad, la formulación de relaciones funcionales significativas y estructurales de las variables que dan cuenta del sistema en su conjunto, se transforma no sólo en un observatorio de la sociedad local y global sino en una fuente de información estratégica desde los puntos de vista económico, ambiental y social.

La acumulación de información posee fuertes connotaciones de estrategia política, de manera tal, que a la luz de lo que percibe el ciudadano de a pie, es decir, la información que no es entregada oficialmente sobre cada tema, cabría preguntarse ¿hasta qué punto la información que dominan los gobernantes y que es registrada mediante la aplicación de indicadores es comunicada totalmente a la opinión pública?

Precisamente, un aspecto importante de la nueva filosofía de la sostenibilidad es que toda medida debe ser consensuada entre los agentes, con lo cual estamos ya hablando de una hipotética limitación de entrada.

Además, los indicadores que hasta la fecha han permitido medir los resultados de la gestión emprendida por los diferentes agentes inmersos en el plan carece de una total credibilidad. Es necesario buscar nuevos indicadores, ya que los indicadores habitualmente utilizados, tales como el Producto Nacional Bruto (PNB) o las mediciones individuales de recursos, no dan las indicaciones precisas de sostenibilidad.

La Comisión de Desarrollo Sostenible en las Naciones Unidas trabaja  desde hace meses con una lista de 134 indicadores para aplicarlos en todos los países del mundo. Esta lista contiene indicadores de todo tipo, tanto social, económico, medioambiental e institucional.

La importancia de disponer de un sistema integrado de indicadores de desarrollo sostenible radica en la necesidad de proporcionar a los responsables políticos, y a la sociedad en general, un instrumento mediante el cual se presente la información de manera concisa, representativa y científicamente probada y que pueda ser entendida y usada fácilmente.

Los indicadores son parámetros que proporcionan información cuyo significado va más allá de los resultados de la propia estadística. Para su elaboración es necesario que los datos estadísticos de base estén fácilmente disponibles, documentados y actualizados regularmente.

Desgraciadamente, el desarrollo e implantación de este sistema ha tenido un escaso éxito debido a la complejidad de disponer de un abanico de indicadores tan amplio que pueda posibilitar tanto la comprensión del fenómeno como la toma de decisiones. La búsqueda de indicadores que midan de manera coherente el nuevo concepto de desarrollo sostenible es uno de los desafíos más importantes.

Hay que crear y fortalecer los mecanismos locales, provinciales, nacionales e internacionales que garanticen que la planificación del desarrollo sostenible en todos los sectores se base en una información fidedigna, oportuna y utilizable. Y dar acceso a la información en la forma y en el momento en que se precise su uso. Y ésa es la información a la que todos debemos tener derecho.

Por ejemplo, con el dominio de esa información podemos controlar un elemento tan importante como es el suelo, el gran negocio especulativo de los últimos años, como hemos podido comprobar estos días en la propia Comunidad de Madrid con el grave trasfondo político añadido. Esa información sobre el suelo nos permite planificar y controlar el aumento de la construcción de viviendas privadas y de protección oficial, el fomento del desarrollo industrial, el impulso de las comunicaciones y las telecomunicaciones, etc..., es decir,  todos los factores relacionados con una nueva economía y las energías renovables.

Por tanto, el objeto de la información como sujeto no será otro que ayudar a definir cuáles son los caminos que se deben tomar para conseguir un mayor desarrollo, respetando siempre los principios de la sostenibilidad con el fin de que el desarrollo sea duradero y asumible. Para ello, se deberán establecer o reforzar los mecanismos con el fin de convertir las evaluaciones científicas y socieconómicas en información adecuada para la planificación y la información pública.

Por ejemplo, en los últimos tiempos los investigadores han empezado a utilizar la prensa y la radio, es decir, a usar a los medios de comunicación como altavoz para captar voluntarios y conseguir la participación de la población en la investigación médica, algo impensable hace años.

Hace escasos días una radio convencional emitía un anuncio en el que se solicitaban voluntarios para participar en una investigación médica, un hecho que sólo tenía un precedente cuando en la prensa se hizo un llamamiento a gemelos que quisieran participar en un estudio sobre el tratamiento de la calvicie.

Hasta ahora la difusión de la investigación científica en medios de comunicación se solía utilizar sólo para conocer la incidencia de una enfermedad o probar intervenciones como dejar de fumar o modificar los hábitos dietéticos. La clave para conseguir la colaboración de voluntarios radica, como casi siempre, en la confianza que da la información suministrada. De nuevo, la información fidedigna es vital para conseguir la participación de los agentes en las investigaciones médicas  y que, gracias al desarrollo sostenible, pueden ser beneficiosas para todos en un futuro.

Y es que, el concepto de sostenibilidad asociado al desarrollo es todavía muy reciente y sólo después del Informe Brundtland (de 1983) empezó a tomarse conciencia de la importancia de la conservación de todos los componentes que rodean a la especie humana.  Así, en dicho informe se definió la sostenibilidad como “la satisfacción de las necesidades del presente sin comprometer la posibilidad de satisfacer las necesidades propias de las generaciones futuras”. Es decir, que el desarrollo presente no comprometa nunca el desarrollo futuro.

Este concepto de desarrollo sostenible, como todos ustedes ya sabrán, surgió en la cumbre de Río de Janeiro, en 1992, asociado a un nuevo paradigma para el desarrollo de las políticas en sus diferentes niveles, tal y como se materializa en uno de los cinco documentos de dicha cumbre: la llamada Agenda 21.

Esta Agenda, en su capitulo 40 titulado “Información para la adopción de decisiones”, afirma que “aunque hay una cantidad considerable de datos es preciso reunir no solamente más datos sino diversos tipos de datos en los planos local, nacional, regional y mundial, que indiquen los estadios y las variantes socioeconómicas, de contaminación, de recursos  naturales y ecosistemas pertinentes”.

Es decir, que con el derecho a la información no se trata de conseguir una acumulación de datos y más datos, sino que se nos permita  una selección de los datos más relevantes para nuestro interés y que esta posibilidad de selección sea igual para todos. Sin embargo, la información adecuada en el momento preciso y en la escala pertinente de agregación es una tarea que se torna cada vez más difícil.

Desgraciadamente, han aumentado las diferencias entre el mundo desarrollado y el mundo en desarrollo en cuanto a disponibilidad de datos y el acceso a ellos, hecho éste que menoscaba gravemente la capacidad de los países para adoptar decisiones fundamentadas.

Hay que eliminar la deficiencia generalizada en la capacidad para la reunión y la evaluación de datos, y lograr su transformación en información útil, así como su divulgación. Por ello, con la asistencia de las organizaciones internacionales, los países deberían establecer mecanismos de apoyo para suministrar a las comunidades locales y a los usuarios de recursos la información y los métodos que necesiten en la ordenación de los recursos sostenibles. Y de esta manera se apliquen los conocimientos y los enfoques tradicionales y autóctonos cuando proceda. Esto reviste particular importancia en el caso de las poblaciones rurales y urbanas, y en los grupos indígenas, de mujeres y de jóvenes.

Por ejemplo, en América Latina los agricultores reconocen claramente que la información agraria es una necesidad. Sin embargo, actualmente son muy pocos los mercados de información agraria y, además, en estos países la información no es identificada como un bien económico con un costo monetario añadido, por lo que no se puede comprar.

Ante la falta de financiación pública, los agricultores se han visto obligados a preparar y diseñar una estrategia de autosostenimiento e información que implica proveerse de recursos de manera indirecta. ¿Cómo?... muy fácil, mediante usos adicionales de carácter comercial  que, en teoría, generan ingresos para el éxito del sistema.

Para  lograr esa autosostenibilidad, los Módulos de Información Agraria operan la mayor parte del tiempo como cabinas Internet a las cuales tienen acceso los pobladores de las zonas aledañas. El éxito comercial de dicho uso dependerá de las campañas de difusión. Y se espera que los gastos en la operación del sistema sean cubiertos por las ganancias obtenidas en el funcionamiento comercial de los Módulos.

También utilizan entre ellos el sistema de radio enlace, ya que brinda ventajas técnicas (como, por ejemplo, la interconexión local a alta velocidad) y ventajas económicas, pues reduce considerablemente los costos de operación de la red, permitiendo la sostenibilidad del proyecto.

            Es aquí cuando entramos en el capítulo de los medios económicos y en la financiación para la ejecución viable del sustento de la información dentro del proyecto de sostenibilidad. En la Conferencia de Río de Janeiro se estimó que el coste total medio por año rondaría los 2.000 millones de dólares, los cuales deberían ser suministrados a título de donación o en condiciones de favor por los Estados, un aspecto que hasta ya entrado el siglo XXI no hemos podido comenzar a valorar y vigilar con precisión.

Lo que sí queda claro, es que los Estados, y en particular los países en vías de desarrollo, deberían, con el apoyo de la cooperación internacional, fortalecer su capacidad para reunir, almacenar, organizar, evaluar y utilizar datos de manera más efectiva y real en todos los procesos de adopción de decisiones.

Y es que en muchos países, y así lo indica el documento de la Agenda 21, la información no se ordena como corresponde debido a la falta de recursos financieros y de personal capacitado, así como a un desconocimiento de su valor y de su disponibilidad. Incluso, se afirma que “en aquellos lugares en los que existe la información, es posible que no sea fácil acceder a ella por la falta de tecnología para un acceso efectivo o debido al costo que entraña, sobre todo en el caso de la información que se encuentra fuera del país y que está disponible sólo en el mercado comercial”.

Así, se debería insistir en que se transforme la información existente en formas que sean más útiles para la adopción de decisiones y en orientarla hacia diversos grupos de usuarios. Es, en este campo, donde el sector privado juega un papel preponderante para fortalecer los mecanismos de intercambio de experiencias y de información.

Es decir, hay que ampliar la capacidad de recibir, almacenar, recuperar, aportar, difundir y utilizar la información y, además, dar al público el acceso apropiado a esa información suministrándole la tecnología necesaria para el establecimiento de servicios adecuados a sus actividades y necesidades.

Hoy en día, afortunadamente, se disponen de recursos nuevos para preparar y presentar la información en formatos que puedan comprender más fácilmente los encargados de la adopción de decisiones y el público en general. Las tecnologías de medios múltiples, los conjuntos de programas y los instrumentos tales, como indicadores y presentaciones gráficas animadas, ayudan a los agentes en sus actividades de promoción del desarrollo sostenible.

Cualquier actividad socioeconómica persigue el éxito y éste se basa en una información que permita ofrecer más calidad que la competencia y  obtener una rentabilidad de modo sostenido en el tiempo. El dominio de la información permite eso: un seguimiento de todos y cada uno de los programas con el consiguiente resultado de continuar la línea ya establecida o variarla según las circunstancias, eso sí, informando de ello al foro de ciudadanos.

Por ejemplo, la comunicación de los aspectos medioambientales de un destino turístico –un caso es la famosa y ya casi derogada ecotasa de las Islas Baleares- puede determinar la posición competitiva del mismo, puesto que es un factor que influye en las decisiones de compra de los paquetes de viajes por parte de los turistas potenciales.

            En esa comunicación pueden darse dos situaciones extremas. La primera, la ausencia de información ambiental, que puede dar como resultado una imagen ambiental “pobre” del destino turístico o una imagen menos atractiva para los visitantes potenciales, lo que provocaría en ambos casos una posición competitiva inferior. Es decir, el destino estaría perdiendo oportunidades de atraer turistas.

La segunda situación se daría si a través de la información se transmitiera una calidad ambiental diferente a la que realmente existe en el destino, es decir, si la información trasmitida no es veraz. De nuevo, el destino turístico vería disminuida su competitividad.

            Una buena solución a estos fallos sería idear una campaña de marketing que proporcionara al consumidor la información medioambiental de calidad que diera confianza al potencial turista. Quiere decir que la propia sostenibilidad puede ser además un factor de competitividad si los agentes llevan a cabo determinadas campañas de comunicación que reflejen con transparencia sus oportunas acciones.

Este concepto de transparencia es algo innato al derecho a la información. Pero, desgraciadamente, esa transparencia se trastoca a veces y muchos comunicadores se amparan en la invisibilidad de los medios escritos y radiofónicos para  mostrarse intransigentes y atacar a quienes no comparten su parecer.

Por eso, de inmediato, surgen grandes interrogantes dentro del mundo mediático, ¿existe de verdad el periodismo de información o son determinados poderes fácticos los que en el momento más conveniente utilizan a los medios de comunicación para su propio interés informativo? ¿Existen límites en el derecho a la información?...

Si nos centramos en el panorama mediático español, el hecho es que los periodistas han interpretado durante la última década del siglo XX los roles que les correspondería ejercer a otros poderes del Estado: llámese ejecutivo o legislativo . Escándalos informativos, como el caso Luis Roldán, la trama montada por el ex director general de la Guardia Civil, el mal uso de los fondos reservados del Ministerio del Interior, etc... han saltado a la opinión pública gracias a la información plasmada en los medios de comunicación.

Sin embargo, muchos agentes confunden independencia con neutralidad e imparcialidad, y ahí es donde el periodista Indro Montanelli, ex director del diario italiano Il Giornale, nos acerca su reflexión vital: “Independencia e imparcialidad son dos cosas muy diferentes. Para empezar, la imparcialidad no existe. Es una de esas bobadas que se cuentan por ahí...nadie es imparcial. Cada uno de nosotros ve las cosas con sus propios ojos. Y los ojos no son imparciales...”.

Efectivamente, los medios de comunicación están constituidos por personas y a veces éstas, como tales, cometen errores de valoración. Es decir, los comunicadores no son infalibles, pero lo más importante para el desarrollo sostenible radica en que esos errores sean inherentes a la propia persona y no respondan a una orden superior y externa. Pese a las maravillas de la automatización y de la inteligencia artificial, el ser humano sigue ocupando un lugar primordial en el mundo de la información. Por ello, para que un sistema de información sea eficaz es necesaria la inversión en capital humano, al margen del desarrollo tecnológico.

Sin embargo, esto no se da en nuestros días, ya que la concentración en los medios de comunicación tiende a eliminar el capital humano. Además, con la mencionada concentración el pluralismo informativo se pierde y los medios no cumplen con su papel estelar de críticos con el sistema vigente en defensa de la salvaguarda del bien social, económico y medioambiental.

Esta gran deficiencia se contrarresta, afortunadamente, con la información instantánea, en tiempo real y a escala mundial que nos aportan las nuevas tecnologías. Es decir, el espacio cibernético, la última de las cinco grandes revoluciones informático-culturales de la época moderna.

La primera fue la imprenta, que generó la cultura escrita para una elite informativa; la segunda, la radio a comienzos del siglo XX, que generó una cultura auditiva de información de masas; la tercera, la revolución comunicativa de la televisión en los años cincuenta; la cuarta revolución tuvo por base el uso masivo de las computadoras, a partir de los 80; y la quinta, son hoy en día los multimedia, entendiendo por multimedia la convergencia de las funciones del teléfono, la televisión y la computadora en una sola tecnología que permite la información instantánea mediante la transmisión de imágenes, datos y voces. Con esta revolución se cierra la cultura cibernética, la primera que es realmente universal y que permite al hombre comunicarse en tiempo y espacio real.

Las nuevas tecnologías de la información han transformado las reglas básicas de la corriente de información en la sociedad. Debido a Internet y a los sistemas de información computerizada, el control pasa de los proveedores a los consumidores. Los sistemas de información habilitan a los usuarios a adoptar sus propias decisiones lo que permite formas de gestión más descentralizadas y adaptadas a la situación local.

La socialización del ciudadano a través del espacio  cibernético se puede realizar de dos modos: uno cuantitativo y otro cualitativo. El cuantitativo permite al informante y al informador elegir entre una multitud de opciones (por ejemplo, 300 canales de TV). Y el cualitativo diferencia los contenidos del espacio cibernético entre información especializada (bancos de datos, información económica, paneles de expertos, periódicos de calidad, etc...) e información general.

Sin embargo, aquí radica de nuevo el problema, porque a pesar de que se proclame que “Internet” representa la cultura del acceso para todos y que la sociedad global informática permite que todo el mundo pueda comunicarse entre sí y facilitarse información, la mitad de la humanidad todavía no ha tocado ni siquiera un auricular de teléfono.

La creciente diferencia entre ricos y pobres dentro del ámbito digital ha aumentado la preocupación por el mantenimiento de la sostenibilidad asociada al derecho a la información. Esa desigualdad se debe a deficiencias en el alcance de los sistemas tecnológicos y de comunicaciones, es decir, en lo que respecta a la transmisión y recepción de información.

Y es en esta materia donde los diferentes agentes del desarrollo sostenible deben hacer principal hincapié: conseguir para todos un acceso fácil a la información y evitar que se conforme un nuevo sistema basado únicamente en los intereses de una sociedad global informativa teledirigida por los poderes fácticos de los Estados.

 

 

BIBLIOGRAFÍA:

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