Revista Fuentes Estadísticas        

Actualidad - Revista Nº 68 - Septiembre-Octubre de 2002       


Un buen trato para los mayores

 Rafael Navas*

Nuestros mayores piden respeto y espacios sociales, es decir un “buen trato”. Pese a casos de irregularidades puntuales, en general las residencias para la tercera edad en España funcionan razonablemente bien. Estos centros se están profesionalizando cada vez más y comienzan a adoptar controles de calidad más rigurosos.

Una reciente encuesta realizada por el programa de televisión “Al descubierto” de Antena 3 TV señalaba que el 82 % de la población española considera que se maltrata a los mayores frente al 18 % que niega la existencia de estos malos tratos. El mismo programa televisivo mostraba unas imágenes espeluznantes de centros residenciales para la tercera edad denunciados, cutres, y sin escrúpulos (que los hay) donde, con toda evidencia, se ejercían malos tratos a los ancianos a quienes se mostraba atados a sus sillas o camas, angustiosamente unidos a sus excrementos durante periodos intolerables, sin la más mínima atención en su higiene o en sus necesidades más básicas, sin ningún derecho, y completamente abandonados por sus familias. El escritor, Francisco Umbral, presente en el programa televisivo de invitado, no pronunció ni una palabra. A la mitad del programa, se levantó demudado y abandonó el plató sin dar ninguna explicación

. La vergonzosa ausencia de todos y cada uno de los responsables de las administraciones central y autonómicas, quienes declinaron su participación en el debate (Ministro de Trabajo, Secretaria General de Asuntos Sociales, Consejera de Asuntos Sociales de la Comunidad de Madrid...) y los improvisados y vanos intentos de la representante de una parte de los empresarios de residencias por defender el sector residencial, marcaron los momentos más álgidos de este programa de TV que cuestionó injustamente en su conjunto a todas las residencias de la tercera edad de nuestro país. 

Responsabilidades

Tal y como denunció el espacio televisivo, existen en España algunas y muy concretas residencias donde se maltrata a los mayores y es responsabilidad ineludible de la administración proceder a su clausura inmediata. También es responsabilidad de las administraciones aumentar la inspección para evitar que estas situaciones irregulares se sigan produciendo. Los familiares de los residentes internados deben preocuparse asimismo del control y de las denuncias en su caso sobre la situación de sus parientes en los centros residenciales para garantizar su bienestar. En general, las residencias de la tercera edad en España funcionan razonablemente bien. Se están profesionalizando cada vez más y comienzan a adoptar los controles de calidad más rigurosos. 
La mayoría de los trabajadores sociales de estos centros realizan unas labores dignas de encomio. La mayor parte de las ocasiones prestan sus servicios inspirados mayormente en un sentimiento humanitario con profesionalidad y sensibilidad magníficas. La irrupción de grandes grupos empresariales que actúan con códigos éticos en este sector y los mayores esfuerzos en formación del personal sociosanitario resultan ser las claves del necesario desarrollo de estos centros que prestan un servicio social de primera magnitud. Al mismo tiempo, individual y colectivamente, todos deberíamos sensibilizarnos con este importante problema porque, desgraciadamente, se está transformando en una realidad el hecho de que en nuestro país hay una gran discriminación por la edad, que al mayor se le maltrata en la familia, en el trabajo, socialmente. Y una sociedad que maltrata a sus mayores es una sociedad enferma que ha perdido sus referencias y valores y ha olvidado el significado de entrega y la esencia misma de la paternidad y la maternidad. Los sentimientos sociales hacia los mayores son innumerables y se mueven desde la repugnancia o el desprecio hasta el amor y la ternura. Desgraciadamente parece que hay más de lo primero que de lo segundo, al contrario de lo que sucede ante otros colectivos de distinta edad como los niños o los jóvenes. Decía un sabio poeta: “Pero si son nuestros padres, Dios mío, quienes nos han dado todo, lo más básico, la posibilidad de vivir esta vida, lo más hermoso, lo único que de verdad tenemos, todo aquello por lo que les debiéramos estar eternamente agradecidos”. Tratemos pues a los mayores como nos gustaría que nos tratasen a nosotros mismos cuando alcancemos ese estado de la senectud deseablemente enriquecedor, vivo y activo para todos. Un buen trato.

*Rafael Navas es director de la revista Júbilo



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