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Las nuevas realidades socio-laborales precisan medidas innovadoras en materia de protección social de la vejez lo que multiplica el interés por sistemas de información completos sobre las actuaciones en este campo. El sistema SEEPROS es una herramienta que contiene información internacionalmente comparable de las prestaciones.
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Peter F. Drucker, el más original profeta del management -término que aquí es conveniente entender en su doble sentido de administración pública y gestión privada - ha destacado los fenómenos a los que administradores públicos y privados han de enfrentarse en el recién inaugurado siglo. De entre ellos, el único que constituye una auténtica novedad para el autor, el que carece de precedente alguno en la historia del mundo desarrollado, es el descenso en las tasas de natalidad y sus inevitables consecuencias en la estructura de la población, principalmente el paulatino envejecimiento de la sociedad.
Lo que no cabe negar es que el fenómeno del envejecimiento poblacional, sea por su novedad o por la previsible magnitud de sus consecuencias, ha captado la atención de las ciencias sociales siendo objeto de un triple análisis: político, social y económico. Este último nivel de análisis, por lo general, nos ha presentado a la sociedad envejecida del futuro como una seria amenaza para la prosperidad que disfrutan actualmente los sistemas democráticos avanzados. Conclusión ésta que en cierta literatura se ha convertido prácticamente en lugar común: abundan los trabajos que auguran una crisis financiera inevitable de los sistemas de pensiones ante la previsible evolución en tijera de cotizantes y pensionistas. Preocupa, asimismo, la presión que ejercen los ancianos sobre el gasto público en servicios médico - sanitarios. Según datos de la OCDE, las personas de 65 años o más gastan unas cinco veces más en sanidad que quienes no han llegado a esa edad en el Canadá o en Japón, mientras que en el Reino Unido la relación es de 3,5 a 1.
Este tipo de análisis contiene, y a veces alimenta, una posición de partida sobre la contribución neta de cada anciano al bienestar de la comunidad. En dicha suposición el coste recibe un tratamiento enfático, mientras que, en general, se considera poco, o simplemente no se considera, la contribución al bienestar general de quienes, superada cierta edad, no participan directamente en el proceso productivo. Lo cual implica, en cierto modo, manejar un concepto de la ancianidad que no se corresponde exactamente con la realidad actual y que, probablemente, nada tiene que ver con la del futuro. Lo cierto es que junto con situaciones de necesidad entre la población anciana, que sin duda requieren actuaciones específicas, el mercado de trabajo arroja también individuos que al comienzo de su jubilación se hallan en la situación más próspera de sus vidas.
Vida laboral
Los trabajadores no manuales, que cada vez constituyen una parte más importante de la población, acumulan a fecha de su jubilación más ahorros que en cualquier otra etapa de sus vidas. Pero el proceso de acumulación durante la vida laboral no se circunscribe al ahorro personal.
Esos individuos también constituyen una dotación de capital humano del que las empresas no desean prescindir y quizá no puedan hacerlo en el futuro. En la era de la información y el conocimiento los jóvenes no han de ser por fuerza más productivos, y menos cuando las actuales condiciones de trabajo permiten alcanzar la edad legal de jubilación en perfectas condiciones físicas y mentales. En este contexto, el retraso de la edad de jubilación dejará de concebirse como una mera medida paliativa de los problemas financieros de los sistemas de pensiones, y se convertirá, simplemente, en una tendencia inevitable.
Serán probablemente las empresas, antes que los políticos, las que se den cuenta de ello y recurran a figuras más flexibles que les permitan, a ellas mismas y a quienes superen las edades legales de jubilación, mantener vínculos en beneficio de ambos.
Otro de los aspectos que por lo general ni siquiera se considera en el análisis de las consecuencias del envejecimiento poblacional es el de la contribución de los ancianos al bienestar de la comunidad a través de la producción doméstica. En el futuro será necesario ahondar en esta cuestión.
Las tendencias anteriores configuran un espacio en el que no cabe sino esperar nuevas demandas para los sistemas de protección social. Serán necesarias, en suma, medidas que vayan más allá de la tradicional garantía de ingresos, medidas cuyo diseño considere las condiciones vitales de los nuevos ancianos y, en particular, medidas que contribuyan a facilitar la contribución de éstos al bienestar de la sociedad, como aquéllas tendentes a compatibilizar el trabajo a tiempo parcial con la percepción de una pensión.
Lo anterior lleva a una consideración adicional con respecto al reflejo estadístico de los sistemas de protección social: Interesa avanzar en la gestación de metodologías y sistemas estadísticos con una doble cualidad:
-Reflejar la intensidad de la protección que cada sistema nacional ofrece frente a las situaciones de vejez, así como del esfuerzo económico que ello supone.
-Introducir una visión en detalle de la naturaleza de las prestaciones que configuran dicha protección.
-El sistema europeo de estadísticas integradas de protección social (SEEPROS) - que en su versión metodológica más reciente, la del Manual SEEPROS 1996, distingue ocho funciones u objetivos perseguidos por los sistemas de protección social, entre ellas la vejez - constituye un avance en ambos sentidos.
-Por un lado contribuye con información comparable al análisis cuantitativo de los sistemas de protección social en el ámbito de la
Unión Europea, superando las diferencias de corte institucional existentes entre los sistemas de cada país mediante el uso de categorías abstractas.
-Y, en segundo lugar, recoge un detalle significativo de la naturaleza de las prestaciones en cada una de las funciones recogidas.
Hoy por hoy, la metodología SEEPROS reconoce, dentro de las prestaciones adscritas a la función vejez, los tipos de prestación:
Prestaciones en efectivo
-Pensión de jubilación
Pensión de jubilación anticipada
-Pensión parcial
-Subsidios asistenciales
Otras prestaciones en efectivo
Prestaciones en especie
-Alojamiento
-Ayuda en la realización de tareas cotidianas
-Otras prestaciones en especie
Una relación que, sin duda, deberá ir ajustándose en el tiempo para recoger las novedades que hayan de tener lugar en la realidad de los sistemas de protección social, pero que, sin duda, constituye un salto cualitativo frente a cualquier metodología anterior en lo que se refiere a la calidad del detalle de la naturaleza de las prestaciones. La aplicación de la metodología SEEPROS presenta, no obstante, algunas sombras: La comparabilidad internacional de los datos puede considerarse un hecho en el nivel más agregado de la información sobre la cuantía total de las prestaciones sociales abonadas en un país, y quizá también en lo que se refiere a las funciones más importantes, entre ellas la vejez. Sin embargo, dicha comparabilidad es más difícil de alcanzar cuando se desciende a cada uno de los tipos de prestación. En esta comparabilidad imperfecta tiene su cuota de responsabilidad la enorme diversidad de las soluciones institucionales adoptadas para resolver problemas y situaciones protegibles similares, pero tampoco cabe desdeñar la limitación que plantean para las oficinas estadísticas los deficientes sistemas de información de los organismos encargados de la gestión de las prestaciones, que obligan en ciertos casos a incluir en la misma categoría prestaciones cuya naturaleza se conoce que es diferente.
Las notas de advertencia en este sentido ocupan un espacio importante en las publicaciones de EUROSTAT. Cabe esperar, sin embargo que, con el tiempo, estos sistemas mejoren y, con ellos, la calidad de la información estadística.
Por último, productores y usuarios de la estadística han echado repetidamente en falta información descriptiva de los colectivos beneficiados que complemente la de las magnitudes monetarias. Ello permitiría utilizar indicadores más apurados de la intensidad de la protección de las diferentes situaciones. Pero hasta que llegue ese momento sólo cabe confeccionar medidas más bien toscas que utilicen, por ejemplo, la población que ha superado cierta edad - habitualmente los 65 años - como referencia de la magnitud de las necesidades objetivas a las que tratan de responder las prestaciones sociales.EUSTAT - Instituto Vasco de Estadística, aplicando la metodología SEEPROS, ha publicado hasta el momento tres ediciones de su Cuentas de protección social. C.A. de Euskadi, para los ejercicios 95, 97 y 99, en las que se recogen, entre otros datos, los gastos en la función vejez de las instituciones de protección social que actúan en el ámbito territorial de la C.A. de Euskadi, desglosados por tipos de prestación y grupos de instituciones encargados de la gestión.
Para más información:
-www. europa.eu.int/comm/eurostat/.
Instituto Vasco de Estadística.www.eustat.es.
-Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales. Anuario de Estadísticas Laborales y de asuntos sociales. www.mtas.es/estadi.htm
-ORRIOLS, P. (2002): "El SEEPROS como instrumento de análisis social" en Fuentes Estadísticas, nº 63, p. 17.
*Jon Olaskoaga Larrauri. Departamento de Organización de Empresas. Universidad del País Vasco, UPV-EHU.Cristina Prado Valle. EUSTAT - Instituto Vasco de Estadística.
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